El director del Núcleo Milenio Sobre los Desafíos de la Vivienda, NUVIV, participó en "Vivienda social en comunas de altos ingresos: el desafío de integrar de verdad", un reportaje publicado el 27 de agosto en la web de la fundación. El texto analiza el anuncio del Ministerio de Vivienda y Urbanismo de construir más de quinientas viviendas sociales en Lo Barnechea, Las Condes y La Reina, y la pregunta de fondo que abre: qué entendemos por integración social en materia habitacional.
La idea de que familias de comités de allegados puedan vivir en comunas como Lo Barnechea, Las Condes o La Reina volvió al centro de la discusión este año, luego de que el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) anunciara proyectos de vivienda social en terrenos del sector oriente de Santiago. El anuncio despertó resistencia entre algunos vecinos y reabrió un debate de larga data sobre dónde se construye la vivienda pública y quiénes pueden vivir en cada barrio. TECHO-Chile abordó el tema en un reportaje que consultó a Javier Ruiz-Tagle, director del Núcleo Milenio Sobre los Desafíos de la Vivienda, NUVIV, y profesor del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC (IEUT UC).
En su análisis, el investigador marcó una distinción clave: que distintos grupos sociales compartan un mismo barrio o edificio no significa que estén integrados. Según explicó, la cercanía física no asegura por sí sola la interacción entre vecinos, y la integración real depende de que las personas reconozcan al otro como un vecino legítimo. Añadió que cuando un proyecto no logra cohesión social pierden todos, incluida la inmobiliaria, porque el conjunto se desvaloriza. En el caso chileno, advirtió, la separación responde menos a las diferencias reales de ingreso que al estigma asociado a recibir un subsidio.

El director del Núcleo Milenio NUVIV también se refirió a los límites de la política habitacional. A su juicio, el modelo chileno ha descansado sobre todo en incentivos voluntarios y proyectos puntuales, lo que ha permitido que algunas comunas reciban muy poca vivienda social. Frente a un déficit que ronda las 500 mil viviendas, calificó la iniciativa de 500 unidades en el sector oriente como "más bien una intervención simbólica". Además, planteó que la desigualdad en Chile se concentra en el 10% más rico, por lo que mezclar grupos que están por debajo de ese tramo cambia poco la estructura de la ciudad.