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Carlos Aguirre en Emol: El desacople entre precios de vivienda e ingresos se profundiza hace dos décadas

Carlos Aguirre en Emol: El desacople entre precios de vivienda e ingresos se profundiza hace dos décadas

Para el investigador de la Línea 1 del Núcleo Milenio Sobre los Desafíos de la Vivienda, las consecuencias exceden lo inmobiliario:

Según un informe de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Abif), entre 2002 y 2023 el Índice de Precios de la Vivienda creció 170%, mientras que los ingresos reales de los hogares aumentaron solo 57%.

Una crónica publicada el miércoles 8 e julio por Emol confirmó una tendencia que Núcleo Milenio Sobre los Desafíos de la Vivienda, NUVIV, viene siguiendo de cerca: la brecha entre el valor de las viviendas y la capacidad de pago de los hogares chilenos se ha ampliado de manera sostenida durante las últimas dos décadas.

Según un informe de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Abif), entre 2002 y 2023 el Índice de Precios de la Vivienda creció 170%, mientras que los ingresos reales de los hogares aumentaron solo 57%.

Carlos Aguirre, investigador principal de la Línea 1 de NUVIV, y académico de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, fue consultado por ese medio de El Mercurio para analizar el fenómeno. "Durante las últimas dos décadas se ha producido un desacople cada vez más evidente entre el precio de las viviendas y la capacidad de pago de los hogares", explica. Antes de la pandemia, señala, este desajuste se amortiguaba con tasas hipotecarias bajas y créditos a mayor plazo; hoy, en cambio, el alza de las tasas y el endurecimiento del financiamiento han reducido la asequibilidad para buena parte de la población.

Aguirre atribuye el aumento sostenido de los precios a una combinación de factores, encabezada por el fuerte incremento del valor del suelo urbano —evidente desde el terremoto de 2010—, junto con mayores costos de construcción, exigencias regulatorias y el efecto expansivo de las bajas tasas hipotecarias previas a la pandemia.

Para el investigador, las consecuencias exceden lo inmobiliario: "La dificultad para acceder a una vivienda impacta directamente en la calidad de vida, aumenta los tiempos de desplazamiento cuando las personas deben vivir lejos de sus lugares de trabajo y reduce la productividad", además de erosionar la cohesión social. Frente a este escenario, plantea que se requieren soluciones estructurales —garantías estatales focalizadas, mejores mecanismos de financiamiento y nuevos modelos de acceso habitacional— orientadas especialmente a la clase media.

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