
Aguirre abordó el impacto de los sistemas frontales y la urgencia de enfrentar el cambio climático desde la planificación urbana y la infraestructura.
A propósito de los recientes eventos climáticos que afectaron especialmente a Coquimbo y la provincia de Huasco —y que motivaron la declaración de estado de catástrofe—, Carlos Aguirre, investigador de la Línea 1 de Núcleo Milenio sobre los Desafíos de la Vivienda, NUVIV, académico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad San Sebastián y consejero del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI), conversó con Rodrigo Guendelman en el programa Santiago Adicto, de Radio Duna, sobre los desafíos de Chile.
En la conversación del jueves 23 de julio con Rodrigo Guendelman, Aguirre situó el problema de la fragilidad de ciudades y asentamientos frente a episodios climáticos en una raíz institucional: desde que los periodos presidenciales pasaron a ser de cuatro años sin reelección, "las infraestructuras no se han vuelto a pensar a largo plazo", dijo en el programa Santiago Adicto, de Radio Duna.
Aguirre contó que es oriundo de La Serena y, por lo tanto, conocedor de parte de los territorios afectados. Dijo que esa falta de horizonte impide definir rutas críticas, servicios mínimos garantizados y una infraestructura —vial, portuaria, energética, sanitaria— capaz de sostenerse pase lo que pase. "Necesitamos tener un elemento que defina la infraestructura, que establezca rutas críticas, que establezca cuáles son los servicios mínimos que debería tener la población", planteó.
Aguirre valoró que el tránsito de ONEMI a Senapred, bajo la Ley 21.364, haya mostrado resultados concretos: la coordinación anticipada —decretos de emergencia preventiva, evacuaciones tempranas, suspensión de clases— redujo de forma drástica la pérdida de vidas y agilizó la rehabilitación de caminos y servicios básicos. Sin embargo, comparó este segundo despliegue formal de Senapred con su análisis previo del sismo de La Serena de 2019, y concluyó que el diagnóstico de fondo no ha cambiado del todo: la coordinación sigue siendo el punto débil, especialmente a nivel municipal, donde faltan capacidades técnicas y presupuestarias para actuar con anticipación. A eso se suma un problema que calificó de "tremendamente dañino": la dispersión de los recursos entre distintas glosas presupuestarias —vivienda, transporte, gobiernos regionales—, sin una mirada financiera integrada que permita saber, en la práctica, quién financia qué.
El investigador de la Línea 1 del Núcleo Milenio Sobre los Desafíos de la Vivienda, NUVIV, insistió en la importancia de la "memoria del territorio": los Instrumentos de Planificación Territorial (IPT) debiesen identificar con claridad las zonas de antiguas crecidas o remociones en masa donde no se puede construir, ni siquiera de forma efímera, tal como ocurre hoy con las normas de diseño sismorresistente que Chile perfeccionó tras cada terremoto. "¿Por qué, si el IPT es el símil, en zonas donde sabemos que no tenemos que construir, construimos igual?", advirtió.
Entre las soluciones que destacó están las basadas en la naturaleza —como los parques inundables Víctor Jara (Santiago) y Kaukari (Copiapó)—, que entregan beneficio urbano permanente y capacidad de mitigación ante desastres, aunque advirtió que el Sistema Nacional de Inversiones aún no logra capturar del todo externalidades como la plusvalía o el daño evitado que este tipo de proyectos genera.
La conversación se basó en el estudio "Discusiones sobre la Evaluación Social de Proyectos de Infraestructura y la Resiliencia", elaborado por el subcomité de financiamiento y evaluación social de proyectos del CPI, que Aguirre lideró.
El documento propone cinco medidas para fortalecer la resiliencia del país: incorporar el riesgo climático en toda inversión pública, priorizar infraestructura crítica, complementar obras tradicionales con soluciones basadas en la naturaleza, incorporar monitoreo y sistemas predictivos, y cambiar el foco desde la reconstrucción hacia la prevención.
La dimensión habitacional también estuvo presente en otros planos de la conversación. Aguirre relató que su equipo trabaja en el modelamiento matemático de viviendas existentes que requieren mejora térmica, en el marco de un policy paper sobre pobreza energética recién publicado, y mencionó su participación en NEXOMUVA —grupo interdisciplinario de la Universidad Católica que cruza microbiología, urbanismo, vivienda y ambiente—, cuya investigación vincula problemas de ventilación y aislación térmica en las viviendas con la formación de biofilms directamente relacionados con la presencia de bacterias y virus en esos espacios. Sobre la construcción en zonas de riesgo, fue enfático en no reducir el problema a una falla de fiscalización: buena parte de esa construcción es informal, y ahí el desafío es de otra naturaleza. "La gente, nadie se va a ir a un campamento porque quiera ir a un campamento, sino que necesita vivienda", planteó, subrayando que la solución pasa por articular el urbanismo informal con soluciones habitacionales concretas, y no solo por restringir usos de suelo.