columna

Deterioro de la calidad de vida / Carlos Aguirre en El Mercurio de Valparaíso

Deterioro de la calidad de vida / Carlos Aguirre en El Mercurio de Valparaíso

Valparaíso y el nuevo Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU).

Carlos Aguirre, académico de la Facultad de Arquitectura de la USS e investigador del Núcleo Milenio NUVIV aborda la paradoja de Valparaíso: mientras sostiene su valor patrimonial, el más reciente Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU), de la Cámara Chilena de la Construcción, da cuenta de su deterioro y aumento de la brecha entre el plan y los cerros, "evidenciando una fragmentación territorial que impacta directamente en el bienestar cotidiano de sus habitantes".

Valparaíso enfrenta hoy una paradoja urbana evidente: mientras su valor patrimonial y simbólico sigue siendo uno de los más altos del país, sus condiciones materiales de vida muestran un deterioro sostenido

Valparaíso enfrenta hoy una paradoja urbana evidente: mientras su valor patrimonial y simbólico sigue siendo uno de los más altos del país, sus condiciones materiales de vida muestran un deterioro sostenido. Los datos del índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) confirman que se trata de una tendencia preocupante a nivel nacional, donde más del 70% de las comunas se ubican en niveles medio bajo o bajo, patrón que se replica con mayor intensidad en áreas metropolitanas.

En este contexto, la Ciudad Puerto no sólo pierde competitividad fí ente a otros polos urbanos, sino que profundiza brechas internas entre el plan y los cerros, evidenciando una fragmentación territorial que impacta directamente en el bienestar cotidiano de sus habitantes.

Uno de los nudos críticos es la movilidad. En Valparaíso, desplazarse no es sólo un problema de tiempo, sino de acceso a oportunidades. La geografía, sumada a un sistema de transporte poco integrado, genera trayectos largos, costosos e ineficientes, afectando especialmente a los sectores más vulnerables. El propio ICVU identifica esta dimensión como una de las más deterioradas en la última década, lo que en la practica se traduce en menor acceso a empleo, educación y servicios. Sin una planificación que articule transporte y desarrollo urbano, la ciudad seguirá operando como un conjunto de fragmentos desconectados, limitando cualquier intento de reactivación estructural.

A esto se suma una economía local debilitada, incapaz de sostener procesos de regeneración urbana de manera consistente. Valparaíso no ha logrado transformar su condición portuaria ni su atractivo turístico en una base económica sólida y diversificada. La baja atracción de inversiones, la informalidad y el estancamiento de sectores productivos refuerzan un círculo vicioso: sin dinamismo económico no hay renovación urbana, y sin mejora urbana no hay condiciones para atraer inversión.

En ese escenario, la ciudad queda atrapada en un equilibrio de bajo crecimiento, donde los problemas estructurales -movilidad, empleo y entorno- no se resuelven de manera aislada, sino que se potencian entre sí, consolidando una trayectoria de rezago que requiere intervenciones integrales y sostenidas en el tiempo.

Sin duda, se requieren acciones urgentes para mejorar la calidad de vida local. Pero no se deben perder de vista grandes obras clave para la región, como el mejoramiento de la Ruta 68, un eventual tren Santiago-Valparaíso para movilidad de pasajeros y carga en la macrozona central y una mejora armónica en el marco de las ampliaciones portuarias en Valparaíso y San Antonio, iniciativas que se deberían concretar.

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