El 14 de octubre en CityLab, en el GAM.

Investigadores del Núcleo Milenio NUVIV lideraron conversatorio sobre ciudad y salud mental

El encuentro fue organizado por CIADES.

Macarena Bonhomme y Sebastián Rojas-Navarro, investigadores del Núcleo Milenio NUVIV y de CIADES, abordaron cómo la vivienda, el barrio y el espacio público influyen en el bienestar de quienes habitan la ciudad.

¿De qué manera la ciudad afecta nuestra salud mental? Esa pregunta guió el conversatorio “Ciudad y salud mental”, que tuvo lugar el jueves 15 de octubre en CityLab Santiago. La actividad fue organizada por el Centro de Investigación y Acción en Determinación Social y Salud Mental (CIADES), y en ella presentaron dos investigadores del Núcleo Milenio sobre los Desafíos de la Vivienda (NUVIV). Su propósito fue sacar del ámbito académico la discusión sobre los determinantes sociales y territoriales del bienestar, y conversar sobre ella con un público diverso.

Presentaron Macarena Bonhomme, directora alterna del Núcleo Milenio NUVIV, profesora asociada de la Escuela de Sociología de la Universidad Diego Portales (UDP) e investigadora de CIADES, y Sebastián Rojas-Navarro, investigador adjunto del Núcleo Milenio NUVIV, profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello (UNAB) e investigador de CIADES.

Un pilar fundamental del encuentro fue la participación de los asistentes y sus opiniones respecto de su relación con la ciudad.

Vivienda, racismo y pertenencia

Macarena Bonhomme presentó resultados de una etnografía de 17 meses que realizó entre 2016 y 2018 en La Chimba, Recoleta, uno de los barrios más multiculturales de Santiago. En ese trabajo conversó con más de cien participantes y realizó setenta entrevistas en profundidad a personas chilenas y migrantes. A partir de esa investigación mostró cómo las relaciones de poder se inscriben en el espacio urbano y determinan quién siente que pertenece a un lugar y quién queda “fuera de lugar”. Eso, explicó, tiene efectos directos en el bienestar.

“Si nos sentimos excluidos, o fuera de lugar en un espacio, vamos a sentirnos angustiados o con mucha incertidumbre”, señaló.

Bonhomme comparó los conventillos de fines del siglo XIX, que albergaban a migrantes rurales, con las bodegas y los subarriendos precarios donde hoy viven familias migrantes latinoamericanas y caribeñas. También explicó cómo la tenencia de vivienda organiza jerarquías de pertenencia en el barrio: “El espacio, por tanto, no es un contenedor vacío ni neutral, sino un producto de las relaciones sociales”.

Cerró planteando el derecho a la ciudad como una condición para el bienestar: “Un mayor acceso a una vivienda digna, a la ciudad, y la posibilidad de sentir que se puede pertenecer libremente a ella, significa un mayor bienestar social y emocional”.

La ciudad que sentimos

Sebastián Rojas-Navarro fue quien dio inicio a las participaciones y partió distinguiendo entre salud mental y bienestar. Retomó las reflexiones de Georg Simmel sobre la vida en las grandes ciudades para proponer que la experiencia urbana es también sensorial y corporal: “La ciudad no solamente se habita. También se siente”.

El investigador compartió hallazgos de un proyecto Fondecyt que desarrolló junto a Samanta Alarcón-Arcos y Tomás Errázuriz con niños y niñas de Santiago, Concepción y la Región de Valparaíso. El equipo trabajó con cartografías participativas, dibujos y recorridos. En ese trabajo aparecieron con fuerza la basura, los malos olores y la falta de lugares para jugar, pero también el apego al barrio y propuestas concretas para mejorarlo. “La desigualdad también tiene olores, sonidos y texturas. Se experimenta cotidianamente a través del cuerpo”, afirmó.

Para terminar, invitó a pensar la salud mental más allá del sector salud, en relación con la vivienda, el transporte y el espacio público: “Quizás deberíamos preguntarnos también qué podemos hacer para que nuestras ciudades dejen de imponer tantas dificultades innecesarias a quienes las habitan”.