En el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC, Techo-Chile presentó el estudio "Lo que los datos dicen y lo que se cree: seguridad y estigma en los campamentos", que fue comentado por los directores del Núcleo Milenio Sobre los Desafíos de la Vivienda, NUVIV, y del Núcleo Milenio Inseguridad y Cohesión Urbana, NUMIC.
La pregunta parece simple, pero la respuesta no lo es: ¿son los campamentos efectivamente territorios más inseguros o esa imagen se sostiene en el estigma que pesa sobre ellos? Con esa interrogante como punto de partida, el jueves 15 de octubre se realizó en el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC (IEUT UC) el seminario “Campamentos, segregación y seguridad”, organizado por el Núcleo Milenio Sobre los Desafíos de la Vivienda, NUVIV, y el Núcleo Milenio Inseguridad y Cohesión Urbana, NUMIC, dirigidos por los profesores Javier Ruiz-Tagle y María Luisa Méndez, respectivamente.
El encuentro tuvo como eje la presentación del estudio de Techo-Chile “Lo que los datos dicen y lo que se cree: seguridad y estigma en los campamentos”, a cargo de Matilde Araya, socióloga y coordinadora de Investigación Aplicada de Techo-Chile, y de Javiera Moncada, directora del Centro de Estudios Techo-Chile.

directora del Centro de Estudios Techo-Chile.

La investigación cruzó datos de la Encuesta CASEN 2022 (72.056 hogares) y del Catastro Nacional de Campamentos MINVU 2022 (15.046 hogares) con grupos focales y mapeos participativos en cinco campamentos del Gran Santiago: Bosque Hermoso (Lampa), Valle Hermoso (Puente Alto), Ochagavía y Dignidad (San Bernardo) y Ribera del Río (Talagante), además de sus barrios colindantes.
Los datos
Los resultados desmontan una de las ideas más instaladas en el debate público. Mientras el índice promedio de incivilidades alcanza 1,6 a nivel nacional, en campamentos cae a 0,5. La brecha se repite en cada una de las situaciones medidas: el consumo de alcohol o drogas en la vía pública es reportado por el 54,6% de los hogares del país y por el 11,7% de los hogares en campamentos; las peleas en la vía pública, por el 38,2% frente al 13,9%; las balaceras o disparos, por el 36% frente al 14,9%; y el tráfico de drogas, por el 33% frente al 6,5%. En promedio, cuatro de cada diez hogares a nivel nacional reportan alguna de estas incivilidades en su entorno. En campamentos, uno de cada ocho.
La diferencia se observa además en todas las regiones con registro. Las brechas más pronunciadas se dan en el norte (Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta) y en la Región Metropolitana, donde el índice nacional supera al de campamentos en más de 1,6 puntos.
El análisis estadístico entregó otro hallazgo relevante: al interior de los campamentos, ni la educación ni el empleo ni la pobreza explican los niveles de seguridad de los hogares. Y a nivel nacional, controlando por todas esas variables, las viviendas precarias se asocian a una mayor probabilidad de reportar seguridad alta. Según el estudio, esto no significa que la precariedad produzca seguridad, sino que probablemente refleja que la escasa presencia del Estado es compensada por la organización comunitaria y el conocimiento mutuo entre vecinos.

Lo que se cree
La evidencia cualitativa permitió entender por qué la imagen de peligro persiste. Mientras quienes habitan los campamentos los experimentan, en general, como espacios de relativa protección sostenidos por redes de cuidado, desde los barrios colindantes se asocian a deterioro y pérdida de seguridad. Sin embargo, al llevar esa percepción al mapa, los propios vecinos de los barrios formales ubicaron gran parte de los focos de inseguridad fuera de los campamentos: en plazas, zonas de borde y sectores de vivienda formal. En Ochagavía, por ejemplo, habitantes del campamento y del barrio colindante coincidieron en identificar como el lugar más peligroso un conjunto de blocks formales fuera del asentamiento. Además, las situaciones más graves atribuidas a los campamentos, como balaceras, narcotráfico o secuestros, rara vez correspondían a experiencias directas, sino a relatos de terceros o a información recibida.
El estudio identifica también el rol de los medios de comunicación. Una revisión de 70 noticias publicadas en los últimos dos años mostró una tendencia a generalizar hechos puntuales como si fueran la realidad de todos los campamentos. La investigación advierte que estos son territorios heterogéneos, tanto entre sí como en su interior, y que su condición no permite por sí sola calificarlos de seguros o inseguros. En los casos de Ribera del Río y Dignidad, por ejemplo, sus propios habitantes reconocieron problemas de seguridad, asociados a transformaciones del territorio y a dinámicas de narcotráfico específicas.
La conclusión de fondo es que la seguridad no se agota en el delito: depende también de la presencia institucional, el acceso a servicios, la infraestructura y las redes comunitarias, por lo que las políticas centradas solo en la prevención delictual resultan insuficientes.
Las lecturas de los núcleos Milenio
Los comentarios abordaron los hallazgos a la luz de investigaciones en curso sobre vivienda y campamentos, migración y seguridad. Participaron Carolina Stefoni, académica de la Universidad de Tarapacá y directora alterna del Núcleo Milenio NUMIC; María Luisa Méndez, profesora del IEUT UC y directora del Núcleo Milenio NUMIC; y Javier Ruiz-Tagle, profesor del IEUT UC y director del Núcleo Milenio NUVIV.
Ruiz-Tagle propuso abrir una nueva línea de indagación: “Creo que hay que investigar sobre una posible relación entre tomas de terreno, estigma y desalojos. En los procesos de gentrificación, está documentado que la estigmatización es un preludio. Estigmatizar un territorio, decir ‘aquí está todo mal’, permite presentar a los desarrolladores que desalojan y generan nuevos desarrollos inmobiliarios como ‘los buenos’, como quienes vienen a sacar los problemas. Y en los desalojos de campamentos podría estar pasando algo parecido”.
El director del Núcleo Milenio NUVIV reconoció también la complejidad del escenario actual: “Es innegable que ha habido mayor inseguridad, violencia y abusos de todo tipo, pero la necesidad de vivienda de las familias más miserables se canaliza por los medios que existen. Y una persona con esa urgencia de vivienda te va a decir ‘nosotros no somos narcotraficantes, pero necesitamos una vivienda... y el acceso a esa vivienda me lo proporcionó un loteador brujo’”.
Y advirtió sobre un cambio en quiénes están detrás del acceso al suelo: “Hoy los proveedores de vivienda en campamentos están siendo, crecientemente, los urbanizadores piratas, los loteadores brujos, etcétera. Hay actores nuevos que están tomando ese espacio, que antes tenía una organización más politizada y cohesionada, y que antes tenía allegamientos solidarios”.
La actividad cerró con un espacio de preguntas y conversación con el público.
Video de seminario completo: